
John Halpin, un supervisor del departamento de Educación de Nueva York, trabajaba menos horas de las que indicaba su contrato y siempre pensó que sus jefes no se darían cuenta. Lamentablemente – para él – tenía instalado un dispositivo GPS en su móvil y fue gracias al uso de esta tecnología que sus superiores descubrieron el engaño y lo despidieron.
Gracias al GPS, el departamento de Educación ha podido demostrar el incumplimiento de contrato ante un juez y este ha señalado que la rescisión del contrato es plenamente legal, apuntando que las empresas y/o organismos no tienen que notificar a sus empleados las técnicas que están utilizando para vigilarles.



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